¿Cómo afecta nuestra alimentación al cerebro?

La mayoría de la gente cuando piensa en alimentación o en la manera en que nos nutrimos, lo relaciona rápida y directamente a órganos como el estómago o el hígado, al igual que a enfermedades como la diabetes. Cometen, o mejor dicho, cometemos un grave error al no pensar en el cerebro. En este post os explico por qué.

El cerebro es un órgano en el que se acumulan una gran cantidad de neuronas o células nerviosas y cables eléctricos interconectados mediante unas sustancias químicas muy simples. La función de este es transmitir mensajes (información) de una célula nerviosa a otra. ¿Y qué tiene que ver la alimentación con todo esto?

Primeramente, quiero decir que el cerebro representa únicamente un 2% de nuestro peso corporal, lo que es bastante poco, y aún así daos cuenta de la importancia que tiene. Nuestro cerebro depende en su gran mayoría de lo que comemos, por lo que debemos alimentarle adecuadamente. Este órgano se abastece de un 20% de la energía que ingerimos, aproximadamente. Y es que nuestro maravillo cerebro necesita energía, la glucosa, la cual obtiene de alimentos que ingerimos ricos en carbohidratos, como son las frutas, las legumbres o los cereales. No solo esto, sino que nuestro cerebro también se alimenta de otros nutrientes esenciales para su correcto funcionamiento; estamos hablando de vitaminas, minerales, ácidos grasos y proteínas, entre otros. Debemos nutrirnos siguiendo una dieta equilibrada, nuestro cerebro lo agradecerá y mejorará nuestro estado de ánimo, rapidez a la hora de pensar, memoria y concentración. Por estas razones, que son algunas entre muchas, quiero incidir en la importancia de una buena alimentación en los niños. Es fundamental que adopten el hábito de comer sano y variado desde una temprana edad, y así poder rendir adecuadamente, por ejemplo, en el colegio. Por este motivo se insiste tanto en que los niños se alimenten bien, se terminen toda la comida del plato, etc. Pero de lo que realmente debemos ser conscientes es del tipo de alimentos que les estamos dando. Mucha gente, desgraciadamente, alimenta a sus hijos de una forma distinta a ellos (sin tantas frutas o verduras) o lo hace igual, pero cayendo en la trampa de las alucinantes estrategias de marketing de los ultraprocesados.

Entonces, ¿qué pasa si comemos desastrosamente? Muy fácil, todo se convierte en un caos producido, en gran parte, por este “órgano estrella”: el cerebro. Apreciaremos (incluso en análisis) carencias específicas de algunos de los nutrientes. Esto hará que una serie de síntomas se manifiesten; algunos ejemplos son: falta de memoria, atención y/o concentración, cansancio, nerviosismo, desgana, irritabilidad, apatía e incluso depresión.

Algunos alimentos beneficiosos para nuestro cerebro son la avena, el pescado azul, los arándanos, el yogur, las nueces, el aguacate y el chocolate (¡85% mínimo!).

Por todo esto y más debemos llevar una alimentación saludable. No por el hecho de no engordar o no acumular grasa en cierta parte del cuerpo, sino que sobre todo es por nuestra salud mental; porque el cerebro, en realidad, es el causante de luego muchas de las enfermedades con síntomas y consecuencias físicas. Ya sabéis, ¡a cuidarse y a cuidar al cerebro, que solo tenemos uno!

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