¿Hambre real o emocional?

Estamos viviendo todos unos días muy duros, sí, es más, muchas veces sufrimos por las consecuencias que tendrá este encierro. Y yo me quiero referir especialmente a todo lo relacionado con la alimentación, que no son solo motivos físicos sino también mentales. El hecho de estar encerrados en casa hace que aumente nuestro aburrimiento y, en bastantes casos, las ganas de comer nos puedan. Y digo ganas y no necesidad, por supuesto; vemos la comida como una simple distracción y algo a lo que aferrarnos cuando las horas vacías en el día inundan nuestro ser. Por este motivo, quiero aprovechar este post para introduciros al mundo de la psiconutrición, comenzando por diferenciar el hambre real del hambre emocional, que está muy presente estos días entre nosotros. 

Aquellas emociones, conductas y pensamientos que tenemos en relación con la alimentación son los influyentes en nuestros hábitos alimentarios. Y aquí está la clave que diferencia realmente el hambre real del emocional. Empecemos por comprender ambos conceptos. El primero es aquel que aparece todos los días, obviamente, y suele ser en horas establecidas, es decir, cuando acostumbras a desayunar, comer o cenar. El hambre real también es conocido como “hambre físico” ya que tu cuerpo te lo pide, lo necesita para seguir funcionando adecuadamente. En cambio, el hambre emocional está controlado plenamente por tu cerebro y es aquel que nos incordia puntualmente, cuando algún sentimiento específico se apodera de nosotros y es difícil controlar; pero para eso estoy hoy aquí. Hay bastantes diferencias entre estos dos tipos de hambre que quiero queden claras y explícitas en la siguiente tabla, sirviendo esta de utilidad para todos vosotros.

Todas estas diferencias te permitirán realizar el primer paso: detectar qué tipo de hambre tienes en ese momento. Y esto es algo que poner en práctica, especialmente estos días de cuarentena, en los que recomiendo os hagáis preguntas como “¿siento un vacío en mi estómago?” o “¿me valdría cualquier alimento?”. Vuestra más sincera respuesta os hará percataros de qué tipo de hambre tenéis y acto seguido, gestionarlo. Esto es muy importante ya que si el satisfacer el hambre emocional se va convirtiendo poco a poco en una estrategia que utiliza tanto nuestro cuerpo como nuestro cerebro para afrontar dificultades diarias o ciertas emociones, tendremos un problema, consecuencias físicas y psicológicas que acaben perjudicando nuestro estado de salud.

Entonces bien, ¿qué debemos hacer tras haber identificado el tipo de hambre? Si se trata de hambre real, muy probablemente sea la hora de prepararte la comida, como todos los días, y por tanto procederás a ello sin ningún tipo de culpa y escogiendo alimentos saludables sin tener una sola opción en la cabeza. Sin embargo, si has detectado que el tipo de hambre que tienes es hambre emocional deberás actuar de otra manera. Lo primero es no sentirte mal por ello, es tu cerebro, no tú quien te envía esa señal. Puede que estés pasando por un mal momento emocionalmente y tu mente quiera poner remedio a ese pequeño problema comiendo. Pero ahí estás tú para frenar eso. Intenta buscar algún modo de entretenerte y de evadir tu mente; quizás te sirva pintar, escuchar música, ver tu serie favorita o hacer algo de deporte, ¡incluso en compañía!; será genial que te comuniques con otros y te distraigas un rato. Tendrás también que probar a afrontar ese sentimiento que está tan presente de otra manera (que no sea comiendo) como puede ser meditando. Así, contactando con tu mundo interior, podrás intentar abordar ese problema y gestionar esa emoción interna. Si esto no funciona, que es probable, tenéis que pararos a pensar por un momento en vuestra salud y relacionar esto con el alimento que tanto deseas consumir en ese preciso instante. Puede que sea perfectamente saludable pero, he de deciros que, en la mayoría de los casos, será un ultraprocesado nada beneficioso para la salud. Ante esta situación, deberéis dirigir vuestro pensamiento totalmente hacia otro tipo de producto, que os guste y satisfaga por supuesto, pero que sea lo más sano posible. 

En fin, muchos pensaréis que lo vuestro no es ningún tipo de hambre, y que simplemente estos días os ha dado por comer a deshoras o picotear algo mientras hacéis otra actividad; es normal. Estando en un espacio reducido como es un hogar, y si encima convives con más personas que sentirán esos antojos tanto como tú, resulta complicado deshacerse de esa gula. Por eso, yo os aconsejo plenamente que cuando vayáis a la compra, simplemente no compréis aquellos productos nocivos para vuestra salud y así os aseguráis no consumirlos en esos momentos que tanto os apetecen. Comprad aquellos productos saludables, picoteos como frutos secos (naturales o tostados), fruta fresca, hummus y crudités, etc. Hay miles de opciones saludables que incluso podéis prepararos vosotros mismos en la cocina; tostas con aguacate y salmón, aperitivo de tomate y mozzarella, galletas de avena y plátano, son solo algunos ejemplos.

Espero que sepáis ahora diferenciar los tipos de hambre, que es muy importante y más estos días, y que las recomendaciones os hayan servido de algo para afrontar ese gran aburrimiento. Y por supuesto, ¡no os olvidéis de ponerlo todo en práctica!


REFERENCIAS

  1. ARROYO, Andrea (psicóloga) DKV Salud. 10/02/17

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